Cuando alguien te acosa o te difama en internet, lo primero que haces es una captura de pantalla. Es lo lógico y está bien hacerlo. Pero si el caso acaba en un juzgado, la otra parte puede decir que esa imagen está manipulada, y entonces tendrás que demostrar que no lo está. Conservar bien las pruebas desde el principio marca la diferencia.
Por qué una captura puede no bastar
Una captura es una imagen. Cualquiera puede editarla en segundos, y el juez lo sabe. Además, no contiene información sobre el origen: no dice desde qué cuenta se publicó, en qué URL estaba ni si el contenido sigue en línea.
El Tribunal Supremo, en su sentencia 300/2015, de 19 de mayo, sobre conversaciones de mensajería instantánea, recordó que estas pruebas deben abordarse con cautela porque la manipulación es posible. Cuando la otra parte impugna su autenticidad, quien las aporta suele tener que acreditarla, normalmente con una prueba pericial.
Eso no significa que las capturas no sirvan. Sirven como primer registro y muchas veces bastan si nadie las discute. Pero si hay algo importante en juego, conviene ir más allá.
Qué debes recoger
Para cada publicación, mensaje o comentario, intenta guardar:
- La URL exacta de la publicación y del perfil que la publica, no solo el nombre visible.
- La fecha y la hora de publicación y de cuando lo viste.
- El contexto: la conversación completa, no solo el mensaje ofensivo, y las respuestas.
- Los datos del perfil: nombre de usuario, identificador, foto, número de seguidores.
- Los archivos originales que te hayan enviado (audios, fotos, vídeos), sin reenviarlos ni comprimirlos.
Cómo hacerlo bien tú mismo
- No borres nada. Ni conversaciones ni mensajes, aunque te duela verlos. Si te molesta, archiva el chat.
- No respondas con insultos o amenazas: también quedará registrado.
- Haz capturas completas, en las que se vea la URL o el nombre de usuario, la fecha y la hora del dispositivo.
- Exporta los chats con las funciones de la propia aplicación cuando existan, por ejemplo la exportación de conversaciones de WhatsApp.
- Guarda una copia en un lugar seguro y no manipules los archivos.
- Conserva el dispositivo. Si las pruebas están en tu móvil, no lo formatees ni lo cambies hasta que todo esté asegurado.
Consejo
Lleva un diario de los hechos: fecha, qué ocurrió, dónde, quién lo vio. En los casos de acoso, la reiteración es clave, y un registro ordenado ayuda mucho a abogados, policía y jueces a entender lo que ha pasado.
Cuándo necesitas algo más que capturas
Hay situaciones en las que merece la pena certificar las pruebas por un tercero:
- Cuando vas a presentar una demanda o una querella.
- Cuando el contenido puede desaparecer en cualquier momento (historias, cuentas que se borran).
- Cuando sospechas que la otra parte va a negar que lo publicó.
- Cuando hay mucho en juego: tu empleo, tu empresa, la custodia de tus hijos.
Hay dos vías principales: el acta notarial y el informe pericial informático. El notario da fe de lo que ve en pantalla; el perito analiza el origen, los metadatos y la integridad, y puede defender su informe en juicio. Cuál conviene depende de si esperas que la otra parte discuta la autenticidad de la prueba.
Qué hace un perito con tus pruebas
Un perito informático recoge el contenido con métodos que permiten verificarlo después: calcula huellas digitales (hash) de los archivos, documenta cada paso para mantener la cadena de custodia y deja constancia de la URL, la fecha y el estado del contenido en ese momento. Así, si alguien dice que está manipulado, hay forma técnica de comprobarlo.
Cuánto tiempo conservarlas
Guarda las pruebas mientras pueda existir un procedimiento. Ten en cuenta que los plazos para actuar varían: la acción civil de protección del derecho al honor de la Ley Orgánica 1/1982 caduca a los cuatro años, mientras que algunos delitos, como las injurias y las calumnias, tienen plazos mucho más cortos. Ante la duda, no borres nada y consulta con un abogado.
Lo que no debes hacer
- Entrar en la cuenta de la otra persona para conseguir pruebas, aunque conozcas la contraseña. Puede ser delito y la prueba podría no admitirse.
- Grabar o interceptar comunicaciones de terceros en las que no participas.
- Editar las capturas para tapar datos o recortarlas en exceso.
Te ayudamos a conservar las pruebas
Javier Arenillas es perito judicial informático con máster en ciberseguridad y, cuando el caso lo requiere, trabajamos con un despacho de abogados. Si necesitas asegurar pruebas digitales antes de que desaparezcan, analizamos tu caso gratis y te damos un presupuesto cerrado. Más información en peritaje informático.


